ERES MADRE, PERO TAMBIÉN PERSONA: CÓMO SACAR TIEMPO PARA TODO

viernes, 26 de junio de 2015

Hace tiempo que tenía en mente escribir este post pero la verdad que no quería aburrir a las solteras (o casadas) sin hijos con tanto posts sobre niños y madres. No es para nada el objetivo de este blog y sólo esporádicamente, o al menos esa es mi idea, habrá posts sobre temas relacionados con la maternidad.

En todo caso este post me parece casi una obra social, aún a riesgo de que algunas os ofendáis u os molestéis, y espero ya por adelantado que me perdonéis si es así.



Pero: ¿a que todas tenéis alguna amiga que ha desaparecido del mapa tras ser madre? ¿O a que habéis sido vosotras las que habéis desaparecido? Si vuestro caso es alguno de estos dos, me encantaría que leyerais este post.

Ser madre es maravilloso, y te cambia tu perspectiva de la vida y todas esas cosas maravillosas que dicen las famosas cuando dan las exclusivas presentando a sus bebés. Pero también es muy duro. Durísimo, diría. Ya no por las noches sin dormir (que yo afortunadamente he pasado muy poquitas comparado con otras madres), sino porque durante semanas no consigues ducharte hasta las 7 de la tarde (¡y eso con suerte!), te levantas con la idea de hacer cuatro (¡cuatro!) cosas a lo largo del día y no consigues ni terminar la primera, porque entras en un bucle de teta-lavadora-comida-lavavajillas-teta que no termina nunca y no tiene fin ni descanso... Y todo así.



Viendo el tema así, una empieza a entender a las madres que desaparecen, ¿verdad? Pero que no cunda el pánico ni se os quiten las ganas de ser madres. Tener un niño es maravilloso y agotador, pero casi todo se concentra en las primeras semanas (como mucho, meses) de vida de la criatura.

Con un mínimo de organización (y ayuda, por supuesto, ya sea del papá, de la familia o de quien sea), es posible, casi, casi, recuperar nuestra vida de antes.



Eso sí, un "warning" primero: hay cuatro tipos de madres. Y seguro que todas vosotras, y las madres que conocéis, encajan dentro de una de estas categorías:



1) Las mujeres-madres: son madres, desaparecen por un tiempo, y luego vuelven a la vida como si nada (o poco) hubiera pasado.

2) Las que fueron mujeres y ahora son madres: vuelven a la vida pero transformadas en otra persona. Han nacido por y para ser madres y ya no tienen ningún tema de conversación que no pase por marcas de pañales, temperatura del biberón o tipos de champús infantiles. Cualquier tipo de conversación que intentes sacar derivará hacia uno de estos temas. Desengáñate.

3) Las que, en tu vida, simplemente ya no son: literalmente, sin más, desaparecen. Sabes que siguen vivas por las fotos de sus retoños en Facebook. Y ya. Te quedan las aventuras de los recuerdos vividos juntas y de vez en cuando, cuando te ocurre algo extraordinario (bueno o malo), te apetece llamarla. Pero el impulso te dura un segundo porque sabes que es la hora del baño, o la de comer, o la de dios sabe qué, y no lo cogerá.

4) Las felizmente retornadas: que viran peligrosamente hacia una de las dos anteriores pero terminan volviendo en sí. Y las recibes de nuevo como si acabaras de descubrir a la mejor amiga del mundo. Rezas (secretamente) a todo lo que se mueve para que no tenga otro retoño y vuelvas a perderla.

Estoy segura no, segurísima, de que todas conocéis a alguien con uno de estos perfiles y que vosotras mismas, si sois madres, os sentís identificadas con uno.

Pues bien, el objetivo de este post no es describiros lo obvio, sino intentar ayudaros a que veáis la luz y por el bien de todas las mujeres que necesitamos amigas seáis una de esas madres que desaparecen un tiempo (¡normal!), pero que consiguen recuperar su vida.



Porque sí, nos convertimos en madres y eso es estupendo. Pero, ¿acaso nuestra vida anterior no nos gustaba? ¿No nos gustaba quedar con nuestras amigas y hablar durante horas y horas? ¿O salir a tomar una copa de vez en cuando? ¿O tener una cita romántica? ¿O viajar? ¿O hacer un curso de fotografía, o de cocina? ¿O ir a jugar al pádel una vez a la semana, o salir a dar una vuelta en bici? ¿No nos gustaba sentirnos personas, y tener gustos y aficiones propias, desligadas de nuestro retoño?

A mí, desde luego, sí. No sé a vosotras. Yo adoro a mi hijo y me encanta estar con él, salir a comer con él, tomarme un helado o leerle un cuento. Pero también me encanta estar en su compañía, él haciendo puzzles y yo escribiendo el blog. O él dibujando y yo estudiando. O él en casa con su padre o jugando al fútbol en el parque y yo rajando dos horas por teléfono con una amiga, o quedando con ella a tomar un café. Y eso no me convierte en mala madre, creo yo, ni mi hijo es más infeliz por eso.

Luis Rojas Marcos dice que para ser feliz en esta vida, y mantenerse así, hay que buscar un equilibrio entre todas las facetas de la misma: el trabajo, los amigos y la familia. ¿Son los hijos una excepción a esto? Pues no.



Como creo que ya sabéis, yo tengo un hijo de cuatro años. Recuerdo sus primeras semanas de vida como en un sueño permanente. Y creo que porque realmente tenía sueño permanentemente. Era tremendo. En mi vida había estado tan cansada. Llamaba a mis padres, con quienes hablo religiosamente cada noche por teléfono, a horas intempestivas o a las 4 de la tarde si sabía que ya a partir de esa hora no iba a poder, cargaba el móvil cuando buenamente podía, me duchaba a horas más propias de murciélagos que de personas... Esto duró una temporadita.

A los tres meses volví a trabajar, porque le había cedido parte de la baja a mi marido, y vi el cielo abierto. Adoraba a mi bebé, pero no sabéis cómo echaba de menos mantener conversaciones adultas y tener problemas o preocupaciones de adulto. Y fue entonces cuando volví a recuperar mi vida. Quedaba con mis amigas todas las semanas, estudiaba, trabajaba, y estaba con mi hijo. Era muy feliz y mi hijo también lo era. Eso sí, todo con la inestimable ayuda de mi marido. Y de mis padres.

Así que, regla número uno: el padre se tiene que mojar. Hay dos progenitores: el padre y la madre. Si los dos han tenido un niño los dos son perfectamente aptos para cuidarlo. La madre mientras el padre se va a jugar al fútbol o tomarse una cerveza con los amigotes, y el padre mientras la madre se va de compras o a cenar con sus amigas.



Regla número dos: los abuelos existen. Sí, sí, como Teruel. Y los tíos. Seguro que están encantados de echaros una mano. Ellos mejor que nadie saben por lo que estáis pasando y seguro que os podéis organizar para poder encontrar vuestros ratos libres mientras vuestro niño disfruta y es mimado hasta la saciedad por los abuelos. No se trata de sobrecargarles pero siempre hay un término medio.

Regla número tres: olvídate de eso de "cuando el bebé duerma, tú duerme". Para dormir ya está la noche. Hablamos de cuando el niño tiene unos meses, claro. Cuando tiene dos semanas es inviable. Pero cuando ya duerme la noche del tirón, tú preocúpate de acostarte a una hora decente y descansar por la noche. El día está para aprovecharlo. Mientras el niño duerme, te da tiempo a ver uno o dos capítulos de tu serie favorita, o contestar emails, o llamadas, o leer, o estudiar... ¡Yo me saqué un máster el primer año de vida de mi peque!

Regla número cuatro: no os descuidéis. Es una GRAN tentación la de pasar los días en pijama, desterrar los tacones al fondo del armario y salir de casa durante tres meses seguidos con las mismas bailarinas y el mismo bolso. No lo hagáis. No sólo es dejadez absoluta, sino que al final una cosa lleva a la otra. Y si cada vez que salís de casa os arregláis aunque sea lo míiiinimo, os apetecerá más salir, y os apetecerá hacer más cosas. Y seréis más personas.



Regla número cinco: la gente ahí fuera no está en la misma situación que vosotras. Os entiende, y quizás muchas han pasado por la misma situación. Pero ahora no lo están. Y esperan que cuando las llamáis devolváis la llamada en menos de una semana. O contestéis a un email en menos de un mes. No os olvidéis de las pequeñas cosas ni las dejéis de lado. Pensad en cómo érais antes y no dejéis de ser esa persona.

Regla número seis: antes de ser madres teníais amigas, ¿verdad? Supongo que querréis seguir teniéndolas. Vuestro hijo no va a morir porque una noche se quede con el padre. O un día en la guardería hasta las 5.30 (de hecho, yo llego a pensar a veces que mi hijo está mejor en la guardería que en casa). No descuidéis a vuestras amigas porque han estado a vuestro lado siempre, y cuando las habéis buscado las habéis encontrado. Quizá ahora te buscan ellas ti y resulta que tú no estás.

Regla número siete: ¿de qué hablabas antes de tener hijos? Haz memoria. ¿Qué temas de conversación había en tus quedadas con tus amigas, o en las comidas familiares? Recupéralos. Si sales con tus amigas, sales con tus amigas. Pero no sales para estar hablando de los mismos temas que en casa, ¿no? Es reunión de amigas, no de madres anónimas. Hace mil años conocí a la pareja perfecta. Guapos, jóvenes, maravillosos y estupendos. Un montón de años juntos y una boda de cuento de hadas. Menos de un año después se separaron. ¿El motivo? Él era algo mayor que ella, y todos sus amigos eran padres. Cada vez que salían, todas las parejas se pasaban la tarde (o la noche), hablando de cosas de niños. Llegó un punto en el que ella no lo pudo soportar más y terminó separándose. Puede parecer una banalidad, pero os juro que a día de hoy no la puedo entender más.



Regla número ocho: reparte el tiempo el fin de semana. Los días entre semana son caóticos y apenas es posible sacar tiempo para nada. Por eso el fin de semana se ha de exprimir al máximo. ¿La mejor manera? Dividírselo con el papá. Uno baja al parque, el otro se queda durmiendo. Uno se lleva al niño a tomar un helado, el otro se queda estudiando. Hay tiempo para todo. Para hacer cosas juntos y para hacer cosas por separado. Luego, siempre tenéis la noche, cuando los peques duermen, para ver una peli juntos o montaros una cena romántica.

Regla número nueve: haced un planning semanal e intentad cumplirlo. Los miércoles por la tarde tú quedas con tus amigas. Los domingos por la mañana él se va a jugar al golf. Los martes y jueves tú vas al gimnasio y los lunes él sale a correr y luego a tomar unas cañas con los amigos. Los sábados salís a comer los tres (o los que seáis) juntos; cada domingo coméis con unos abuelos. En el fondo, somos como los niños y tener una rutina nos viene fenomenal. Intentad fijaos una y respetarla y veréis, de verdad, como prácticamente cada semana conseguís sacar tiempo para hacer todo lo que teníais en mente.

Termino este post reiterando mi perdón si alguien se siente ofendido, pero no creo haber dicho nada que sea incierto ni imposible. Obviamente hay mil excepciones y situaciones incompatibles con seguir llevando una vida normal después de ser madre, pero siempre se puede intentar, ¿no?



¿Y vosotras, qué tipo de madre sois? ¿Conocéis a otros tipos de madre? Los comentarios están abiertos, como siempre, a toda observación, crítica o lo que queráis.

¡Un beso y feliz finde!


4 comentarios :

  1. Está muy bien el post. No hay que renunciar a ser madre por esto ya que se trata de organizarse para poder lograr seguir el mismo modo de vida.

    Teniendo tres hijos, diría que lo peor es el primer año porque se mancha mucho, llora mucho y no camina pero a la que tiene un año ya empieza a mancharse menos, a llorar menos y a decir palabritas y a caminar.... Lo que quita un buen estrés y trabajo.

    Los niños se lo psan mejor en la guarderia que en casa y está claro, porque necesitan jugar y hacer actividades con otros niños.

    La familia siempre debería estar dispuesta a ayudar a los suyos pero como en mi caso, muchos no tenemos con quiencontar nisiquiera los padres, pero bueno, de todo se sale....

    La ayuda del marido es imprescindible, los hijos no son de la madre son de los dos y el hijo necesita a los dos.

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    1. Muchas gracias por tu comentario! Efectivamente el principio es duro pero poco a poco una se va organizando... En todo caso, con 3 hijos eres una campeona! Si ya es complicado organizarse con uno o dos... No quiero ni pensar con 3! Un beso enorme.

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  2. La vida es cuestión de prioridades... Y cada uno prioriza lo que cree mas importante...
    Tus hijos o tu vida social?

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    1. Está claro... Todos priorizamos unas cosas sobre otras. Pero precisamente eso, entiendo que se trata de priorizar, no de elegir, no crees? El tener algo de vida social, aunque sea un mínimo, no nos convierte en malas madres, yo creo que todo lo contrario, nos da hasta salud mental, que repercute para bien en nuestros hijos... Pero bueno, como siempre, es mi opinión :) Gracias por tu comentario! Un beso

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